23/11/2006

MERCADERES DEL ESPACIO (Y DE LA TIERRA TAMBIÉN)

Después de una desdichada lectura, ya que tuve la mala idea de intentarlo con la “continuación” de Rebeca (escrita por Susan Hill, que debería haber utilizado la energía para cualquier otra cosa), he tenido buena suerte. Y eso es porque escogí de entre todos los libros que tengo pendientes “Mercaderes del espacio” de Frederik Pohl y C.M. Kornbluth.

Vale, que la mayoría de aficionados a la ciencia ficción ya se lo han leído hace décadas, que es un libro de los años 50 y que me lo compré en el 2004, y ya me vale que haya esperado dos años a leérmelo. Pero ya está hecho. Y ha sido una grata experiencia. Menos mal.

La novela parte de una idea que no nos puede resultar para nada desconcertante: que la sociedad está en manos del sistema económico y que los poderes políticos sean el campo de las empresas publicitarias. No es nada descabellado. Todo se puede vender al consumidor con la correcta campaña publicitaria. Ya nos lo hacen ahora ¿no? En los países consumistas estamos prácticamente atados por el consumismo de todo tipo de productos: el coche con el que hemos de soñar porque nos gusta conducir, el producto que lava más blanco, el alimento de los campeones, las vacaciones soñadas, los electrodomésticos que harán nuestra vida mejor… la lista es larguísima. Pues todo eso, elevado a n, es lo que ocurre en la novela.

La sociedad se divide entre consumidores, productores y ejecutivos, y el publicista es el rey. Hay carencia de todo: agua, suelo, comida, pero lo solucionan a la brava. ¿Qué no hay comida? Pues inventamos la Gallina, las croquetas de soya o las proteínas sintéticas. Al café se le añaden unos granitos de nada de alcaloides y ya tenemos asegurados a los clientes de por vida. ¿Qué hay carencia de espacio? Pues ya sabéis, a plegar la cama para desplegar la mesa y, luego, plegar la mesa para poder salir por la puerta. Así vive la mayoría de la gente, hacinados pero felices consumidores. La cuestión es tener a todo el mundo agarrado por donde más duele si uno se quiere soltar.

Entre un proyecto para colonizar Venus y un grupo de disidentes que luchan contra la explotación indiscriminada y abusiva de los recursos naturales, se acaba encontrando Mitchell Courtenay, un publicista treintiañero casado con una cirujana con un curioso contrato (lo llaman "matrimonio interlocutorio") que acaba de ser ascendido a jefe del proyecto en cuestión.

La novela es duramente crítica con el sistema económico y social basado en el consumismo puro, algo que podría llegar a ocurrir en un futuro, no sé cómo de lejano. Es divertida porque sabe criticar usando la ironía y el sarcasmo, arrancándonos una sonrisa aunque algunas situaciones, vistas desde otra perspectiva, puede que no tengan nada de divertidas. Es certera y consigue que te plantees muchos aspectos de nuestro propio presente. Y fue escrita en los años 50 y no ha perdido su vigencia. En absoluto.

En la contraportada del libro se recuerda una frase de George Orwell que tiene mucho que ver con lo que esta novela relata, que estamos en camino de que los lujos sean más fáciles de adquirir que los productos de primera necesidad. Como no vayamos con cuidado puede pasar. Si no, como muestra un botón, ¿qué producto de primera necesidad hay más básico que tener un lugar en el que vivir? Ya nos ofrecieron la solución del piso de 30 m2, y espero que los que tuvieron tan gran idea no lean este libro porque pueden coger de peores.

Posted by Uriel at 21:34:37 | Permanent Link | Comments (2) |

26/10/2006

REBECA

Leí no sé donde que las chaquetitas de punto que llevaba la protagonista de la novela, a raíz del estreno de la película homónima, fueron bautizadas como “rebecas”, aunque la hermosa y misteriosa mujer que da nombre al libro nunca las llevó por todo lo que sé. Pero nadie sabe cómo la segunda Sra. De Winter se llama, así que sus sufridas chaquetitas, que le daban ese aire inocente e indefenso, tomaron el nombre directamente del título del libro/película.

No creo que un título haya sido tan contundente como el de esta novela: “Rebeca”, en el que la principal protagonista nunca aparece físicamente aunque es el eje sobre el que todos los demás giran sin poderlo evitar. Rebeca está en todas partes, en la misteriosa ala de la casa que da al mar, pero también en todos los actos de los habitantes de Manderley. En la amargura de Max de Winter, en los continuos esfuerzos por agradar de su segunda esposa y narradora de la historia, en el mar que se la llevó, incluso en el perrillo que guarda melancólico la puerta de sus aposentos. Sí, incluso Jasper espera que su dueña se materialice en cualquier momento, acostado junto a su puerta.

Y es que Rebeca, tanto como personaje como novela, es muy potente.

¿Hay alguien que no haya visto la película?  Alfred Hitchcock supo captar y desarrollar el aire melancólico y misterioso de la casa más famosa de la historia del cine, Manderley. Supo encontrar a la perfecta Sra. Danvers, con su cara austera y su apretado peinado. Si Max de Winter tenía que ser alguien de carne y hueso fuera de las páginas de una novela, Lawrence Oliver resultó perfecto. Y Joan Fontaine, cuya trayectoria cinematográfica no he seguido demasiado, era la encarnación de la dulce y apocada segunda Sra. De Winter.

Una de las escenas memorables de la película es aquella en la que los flamantes esposos llegan en el coche a Manderley. Hasta ahí todo había sido un sueño. Pero la pobre chica llega a Manderley, a enfrentarse al sobrio personal de la casa y, para que aún sea más patética su entrada en ese nuevo mundo, está completamente empapada, echa un adefesio. Si ya de por si el encuentro debía ser imponente para una chica joven y tímida a la que le viene grande todo aquello, hacerlo en esas condiciones hace más patente su desamparo.

Si la película es absorbente de principio a fin, la novela aún es mucho mejor. Sin paliativos. Si has visto la película antes, no dejas de reconocer que los diálogos han sido cuidadosamente conservados. Pero las sensaciones se multiplican porque, evidentemente, el libro te da muchos más elementos para comprender a los personajes y vivir las situaciones de la historia.

A pesar de los muchos años que tiene esta historia, no me parece en nada desfasada. Quizá ya no existen las señoritas de compañía como aquí nos las pintan, y puede que tampoco haya ya hacendados millonarios con mansiones victorianas que se casan con jovencitas cándidas cuyo pecado fue no tener un duro. O quizá sí, y como yo no leo la prensa del corazón no me entero de nada. Sea como sea, la historia sigue vigente. Continúan existiendo personas capaces de manipular a cuantos les rodean para que, incluso después de fallecidas, sigan ahí como si nada. Y sigue habiendo quien, por culpa de ellas, intenta huir de sus fantasmas, sin saber que de los fantasmas no hay quien huya, porque allí donde vamos nos persiguen, que son muy persistentes ellos.

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Regreso a Manderley (novela en la que se descubre más sobre la misteriosa Rebecca)

Posted by Uriel at 12:55:06 | Permanent Link | Comments (2) |